´Love me do´, 50 años de Beatles – Levante-EMV

La salida del primer single del cuarteto de Liverpool en octubre de 1962 fue su despegue hacia un éxito sin precedentes

Aniversario. Hace medio siglo que un grupo de desconocidos lograron convencer al productor George Martin para grabar un tema en sus estudios. Martin quedó horrorizado ante la imprecisión de Ringo, que quedó relevado a la pandereta. Aunque el sencillo no rebasó el número 17 en las listas fue el pistoletazo de salida del grupo británico.

El 4 de septiembre de 1962, un joven asistente de grabación de apenas quince años, Geoff Emerick, esperaba ansioso la aparición en el estudio 2 de la EMI en Londres de unos músicos llegados del oscuro y norteño Liverpool. Eran unos perfectos desconocidos fuera de su ciudad, pero en los pasillos de Abbey Road uno de los técnicos más jóvenes le había explicado a Emerick que eran unos tipos descarados, con un posturón muy rockero, que hacían “unas armonías geniales, como los Everly Brothers”.

Emerick, que llegaría a ser el ingeniero de grabación en discos como Revolver, Sargent Pepper’sAbbey Road, cuenta en sus memorias que la mayor parte de aquella sesión se dedicó a un tema ajeno que al final sería desechado. Los Beatles se empeñaron en no grabar “un rollo patatero escrito por otro” y le mostraron a su productor, George Martin, su nada glorioso Love me do, que apenas tenían ensayado. A regañadientes, Martin accedió a que lo grabaran, se horrorizó con la imprecisión de Ringo Starr y convocó una nueva sesión una semana más tarde en la que tocó un batería de sesión, Andy White. Fue esa versión, con Ringo limitado a la pandereta, la que el 5 de octubre de 1962, se puso a la venta. No rebasó el número 17 en listas, pero fue el discreto pistoletazo de salida de la carrera discográfica del grupo. Los Beatles habían nacido para el mundo.
Como tantos jóvenes ingleses de su generación, Lennon, McCartney, Harrison y Ringo se habían abrazado a sus instrumentos fascinados por los sonidos americanos del rhythm’n’blues (R&B) negro de los años 50 y, por supuesto, del rock’n’roll. Los Beatles no fueron los primeros en llegar, no fueron los únicos, pero sí fueron los primeros en arrasar. El lugar y el momento era una Inglaterra, en pleno proceso de despegue económico tras los duros inicios de la posguerra mundial, en la que los jóvenes tenían trabajo, dinero y eran una fuerza creciente en la sociedad de consumo. Una Inglaterra que acababa de abolir el servicio militar obligatorio y acababa de crear las Escuelas de Arte. En su autobiografía Vida, el “rolling” Keith Richards sostiene que con las Escuelas de Arte el Gobierno británico quiso crear fábricas de publicistas, consciente del desarrollo que tendría el sector publicitario en plena explosión de la sociedad de consumo.
Creó centros donde jóvenes inquietos se juntaron a tocar la guitarra en los baños y en los patios, mientras otros millones de jóvenes se gastaban parte de su paga semanal en discos y en conciertos. En unos años en los que las mutaciones de las costumbres se iban a acelerar de manera vertiginosa, la música popular blanca fue el estandarte de los cambios, jugando a escala masiva el papel que, con un alcance mucho más restringido, había tenido el jazz para los jóvenes rebeldes de los años 20 y 40-50. Inglaterra conoció, y exportó al mundo, su culminación: la beatlemanía. En sólo dos años, 1963 y 1964, los Beatles, que desde este último año también arrasaban en EE UU, habían alcanzado ya un estatus hasta entonces reservado a las estrellas del cine. Un estatus dentro del sistema, como lo prueba el que en 1965 fueran nombrados miembros de la Orden del Imperio Británico. Pero, a la vez, habían instalado en ese centro del sistema un modo de vida diferente (sexo, drogas, rock’n’roll).

Tras la gallina de los huevos de oro
Los Beatles abrieron una brecha a través de la que se colaron cientos de grupos, y a la cabeza de ellos los Rolling Stones. Excitaron la codicia de las compañías discográficas, que firmaron miles de contratos a nuevos grupos en busca de otra gallina de los huevos de oro. Hacia mediados de los 60 los Beatles empezaban a morir de éxito. Tras el escándalo en EE UU al afirmar Lennon que eran “más famosos que Jesucristo” y tras tener que salir de Filipinas, al haberse negado a acudir a una recepción de Imelda Marcos, dejaron las giras para siempre. Por entonces, los de Liverpool son ya unas vacas sagradas situadas varios palmos por encima de unas calles que, entre ríos de LSD, se preparan para el “swining London” y el “verano del amor” californiano, donde ya tienen un papel en la sombra.
Empieza ahí la segunda parte de su historia, la que les lleva, entre otros, a las críticas de Lennon hacia las “canciones para viejas” de McCartney. Pero esa es una historia que habrá que contar en 2016 o 2017, cuando se celebre el cincuentenario de discos como Rubber Soul, RevolverSergeant Pepper’s.

Fuente:

EUGENIO FUENTES VALENCIA

http://www.levante-emv.com/cultura/2012/10/08/love-do-50-anos-beatles/942262.html

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