¿Creatividad o tecnología?

En los últimos tiempos están proliferando asociaciones educativas que defienden actitudes educativas alejadas completamente del desarrollo tecnológico. Asociaciones que, en muchos casos, disponen de modelos educativos alejados de la vorágine tecnológica que nos rodea y que deciden volver “a lo básico”.

Este es el caso de la Asociación Waldorf de Estados Unidos. Una asociación, con sus propios centros educativos, que hace hincapié en las experiencias educativas a través de la música, la danza y la escritura. Esa asociación cree que las experiencias anteriores son el caldo de cultivo ideal para enseñar a amar el aprendizaje y ayudar a los alumnos a desarrollar sus capacidades intelectuales, emocionales y espirituales.

Curiosamente en este tipo de centros educativos se hallan escolarizados los hijos de los trabajadores de Silicon Valley (el corazón de la innovación tecnológica). Un centro educativo con capacidad económica y recursos para incorporar la tecnología (la más moderna y puntera) en el aula y que ha decidido prohibir la existencia de equipos informáticos en sus aulas. Se recomienda también en dicho centro que los alumnos no usen dicha tecnología en casa, ya que consideran (tanto padres como docentes -la relación es muy fluida en este tipo de centros-) que se trata más de una distracción que de un recurso educativo (fuente).

Por tanto, ya tenemos un modelo educativo que ha decidido excluir la tecnología del aprendizaje. Un modelo que, por las características que presenta y por los implicados en el mismo (padres con altos conocimientos tecnológicos que trabajan en empresas muy conocidas del sector -Google, Apple, Yahoo, etc.-), hace que podamos llegar a tener dudas, tal como comentan esos expertos tecnológicos, de si la tecnología debe ser necesaria en un entorno educativo. Dudas sobre la anulación de la creatividad y el desarrollo personal e intelectual que podrían provocar esos aparatos de los que cada vez estamos más pendientes en nuestros entornos educativos más cercanos.

Es algo que hace dudar y, aún más, cuando a día de hoy no existe, a nivel global o de país (más allá de informes redactados por multinacionales de la tecnología o patrocinados por sus fundaciones) ningún documento fiable que indique la evidencia de la efectividad de la introducción de la tecnología en los centros educativos.

Dejando de lado mi postura personal en este breve artículo, me gustaría plantear un par de cuestiones en voz alta. ¿Qué pensáis de la decisión de excluir la tecnología de las aulas? ¿Creéis que la tecnología frena la creatividad?

Un comentario Agrega el tuyo

  1. amanda Bosnia dice:

    Gracias, todo esta util!

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